La tragedia de la colonización
Segunda Parte: Conquista y genocidio

Asociar la conquista de América por el hombre europeo con la idea de un "genocidio" es una operación problemática. La figura legal de "genocidio" es reciente; de hecho la palabra misma, "genocidio", no existía antes de 1944. Además de un anacronismo, es difícil hablar de una política sistemática y racionalmente establecida para la destrucción del pueblo americano por motivos raciales, religiosos o de casta. Pero es innegable que el descubrimiento de América, y la expulsión de los judíos y los musulmanes, dibujaron las fronteras de España y su filación al Occidente moderno, nociones que nacieron a comienzos del siglo XVI. Apareció la obsesión por la pureza de la raza, de la sangre. Y esta doble pertenencia, la cristiandad y la raza, legitimaron la conquista de América. La catástrofe demográfica americana y la humanidad concedida a los nativos alentó la búsqueda de mano de obra esclava africana: el primitivismo de la raza negra justificaba su dominación. Esto fue el Renacimiento, el clima intelectual de la conquista americana: aunque se enfatiza el aporte de artistas, poetas y sabios, de una época que salió de las tinieblas medioevales, fue más bien un tiempo en que se rechazaron los aportes de tiempos precedentes y en que Europa arrasó el mundo que descubrió bajo nuevas fórmulas de la ley del más fuerte. Occidente se había convencido de que la barbarie le era ajena, que estaba más allá de sus fronteras. Los genocidios en América y África fueron utilitarios: había que hacer espacio o romper la resistencia de los pueblos conquistados. No se exterminaba por gusto, por placer, sino por falta de lugar y por la reticencia de los autóctonos a someterse al conquistador. Y con la complicidad ineludible de muchos hombres americanos y africanos que. por un puñado de monedas o por acomodarse al nuevo orden, colaboraron con el exterminio.